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Artista casi muere por realizar escultura con mejillones

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Publicada: 2018-12-04

 


Recientemente se dio a conocer que la artista plástica Gilian Genser, quien trabajó durante 15 años en una escultura hecha a base de conchas de mejillones, casi muere por el arte.

Aunque suene algo dramático, es cierto. Su obra la estaba matando lentamente. 

De acuerdo con su relato publicado el pasado miércoles en la revista Toronto Life, la mujer de 59 años comenzó a realizar en 2004 una estatua de Adán a partir de conchas del citado molusco. 

Las compraba en grandes cantidades en mercados chinos y las cocinaba para sus amigos dos o tres veces por semana para trabajar con los restos y avanzar con la obra.

Luego de años de trabajar en el personaje bíblico, la artista canadiense empezó a sentirse mal. Sufría dolores de cabeza y vómitos. Más tarde los síntomas se agravaron. Incluso tenía problemas de movilidad. Además de fuertes dolores musculares cuando manejaba sus herramientas.

 

La situación fue empeorando y en 2013 cayó en cama con insoportables y paralizantes dolores corporales. Se sentía débil e incapaz de mantenerse de pie.  Tampoco podía unir frases completas, y su discurso era confuso. Incluso perdió la capacidad auditiva del oído izquierdo.   

"Creí que me estaba muriendo, pero quería terminar mi escultura de Adán", confesó la mujer, que consultó varios especialistas, los cuales no fueron capaces de dar con un remedio a la dolencia. Tampoco le ayudaron diferentes tipos de antidepresivos, antipsicóticos y tranquilizantes que tomaba.  

Cuando los médicos le preguntaban si trabajaba con algún material tóxico, la mujer respondía siempre que no, pues todo su repertorio eran productos naturales, tales como cáscaras de huevo, huesos de animales, coral, plantas secas y conchas.

Sin embargo, en 2015 un examen de sangre realizado reveló que la mujer presentaba altísimos niveles de arsénico y plomo. Le diagnosticaron entonces una intoxicación por metales pesados.

Fue entonces cuando un especialista del Museo Real de Ontario le explicó a la artista que las conchas y los huesos acumulan toxinas. Al tocar las conchas y respirar el polvo que desprendían de su trabajo, parte del metal ingresaba en su cuerpo.

 

 

Al conocerlo, la artista comenzó a despedirse paulatinamente de su trabajo con las conchas, pero antes de ello quiso, pese al riesgo que corría su salud, terminar la obra de Adán, que cariñosamente llama 'Mi hermosa muerte'. 

No podría haberlo dejado inconcluso. Todo el sufrimiento habría sido para nada", explicó la artista.

La salud de Genser no se ha recuperado nunca del todo. La mujer todavía sufre náuseas, problemas de memoria y presenta altos riesgos de padecer enfermedades neurológicas como los males de Parkinson o Alzheimer. 

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