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‘Gracias a cannabis medicinal, mi hijo dejó de ser un autómata’

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Publicada: 2018-06-06

 

 

Antes oíamos un ruido y era: córrele a urgencias porque se convulsionaba y se caía, se rompía la cabeza, se lastimaba. Así era nuestra vida, antes de darle la medicina de cannabis.

Ahora es maravilloso porque desde hace dos años, que lo tratamos con el cannabis no hemos visitado el hospital”, relata Amanda Azuara Sampayo, madre de Daniel López Azuara, quien cuando era niño fue diagnosticado con el Síndrome de Lennox-Gastaut, una variante de epilepsia infantil grave.

Dicha enfermedad, le impidió comunicarse e incluso moverse, hasta que, en su cumpleaños 24, su familia decidió suministrarle mariguana medicinal, que se sumó a los medicamentos que habitualmente toma.

En entrevista para Excélsior, la mamá de Daniel, señala que la decisión de utilizar cannabis medicinal, se debió a que hace dos años, su hijo se puso muy grave, al presentar más de 150 convulsiones durante todo el día, sin que ningún fármaco le hiciera efecto.

De hecho ya tenía las gotas, como pude las había conseguido, pero tenía miedo de dárselas, hasta que se puso muy grave.

Al verlo tan mal, mi hija, mi esposo y yo, nos informamos, platicamos y tomamos juntos la decisión de darle una gota. Se la dí. Me quedé durmiendo con él esa noche. Le ponía un espejo frente a su cara para ver si respiraba, porque se durmió tan profundo sin convulsionar, que yo tuve mucho miedo y hasta creí que había matado a mi hijo”, señala.

Amanda Azuara relata que la recuperación que presentó Daniel, los hizo decidir que le darían el derivado de la cannabis para siempre porque no le ha provocado ningún daño.

Al día siguiente, le contamos las crisis que tuvo todo el día y sólo tuvo 9 crisis, después de haber presentado 150 convulsiones.

Desde entonces, le doy una gota como del tamaño de un arroz de THC (Tetrahidrocannabinol), que aunque es la sustancia psicoactiva de la cannabis, en dosis muy bajas no le causa adicción y sí le ayuda en su epilepsia”, sostiene Azuara Sampayo.

Actualmente, Daniel tiene 26 años, no solo se comunica, sino que ya manifiesta su voluntad. Vende paletas de hielo entre sus vecinos. Desea aprender a leer, practicar un oficio, pero su edad y su padecimiento le han cerrado las puertas.

Situación por la cual, su mamá pide ayuda para encontrar un lugar donde pueda tener acceso a la educación que requiere.

Y pide a las autoridades, que hagan un registro de pacientes para que se pueda legalizar el autocultivo de la mariguana con fines terapeúticos.

Yo lo comprobé, antes de darle mariguana medicinal, Daniel no tenía voluntad, todo el tiempo estaba sentado en un sillón.

A partir de que toma el cannabis, el cual es muy difícil conseguir, mi hijo está muy alerta, muy despierto. Le cambió la vida para bien. Incluso nos pidió que lo dejemos vender paletas porque ya está aprendiendo el significado del dinero y quiere estudiar. Me pregunta por qué no sabe leer y aunque hemos buscado escuelas para que se desarrolle, nadie lo ha aceptado”, concluye Amanda Azuara Sampayo.

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